Cuando medito en los temas que es importante traer a un blog de familia, no tengo la menor duda, que el relacionado a Dios, debe estar en un lugar muy, pero muy preponderante. Y eso lo planteo, con convicción, sin ínfulas fanáticas, porque ciertamente Dios reclama de nosotros que le demos la primacía en nuestras vidas, pero, ¿ciertamente es lo que hacemos?.
La importancia de cualquier asunto en nuestras vidas, se aprecia en el lugar que le asignamos en nuestras prioridades.
Todos sabemos lo que significa una prioridad. Es impensable salir de casa sin las pautas mínimas de aseo personal, entonces, ¿encomendaste a Dios el día de hoy?. Posiblemente otras "prioridades" ocuparon tu interés, algo así como una cita romántica o la preocupación con deudas asfixiantes, o pendientes laborales, etc.
Casi adivino lo que estás pensando, ¡son argumentos demasiado lógicos!, pero, si lo pensaste, ¡esa era mi intención!. Quiero expresarme en la forma más sencilla (pero más tajante) que permita llevar tu raciocinio al nivel de la reflexión. Sin florituras, ni palabras rebuscadas.
El lugar de Dios en tu familia, no lo define el pertenecer y asistir a alguna denominación religiosa (católica o protestante). Porque Dios no es asunto religioso, Dios es asunto espiritual, por tanto, Dios es asunto de Relación personal.
Lo importante para Dios no es que des limosnas o que cantes en el coro de la iglesia. Lo verdaderamente importante para Dios es tu relación personal con Él.
La pregunta del premio gordo: ¿por qué la relación con Dios es un asunto de familia? Sencillamente, porque no le corresponde al reverendo o al sacerdote guiarte por el camino espiritual, sino a tus padres, con su apoyo, guía, y especialmente con su ejemplo de vida.
Definitivamente es un error traspasar la formación espiritual de tus hijos al sacerdote o reverendo, porque esa es una RESPONSABILIDAD de los padres. Los ministros religiosos (sacerdotes o pastores) cumplen es un rol de adoctrinamiento, por contar con la formación teológica de la que quizás carecen tus padres.
Además, ya no son extrañas las noticias de "ALGUNOS" pastores o sacerdotes que tienen una doble vida (Ojo: enfatizo el "ALGUNOS"), y al salir a la luz tales revelaciones, causan deserciones de la feligresía, poniendo en evidencia que no era a Jesús a quien seguían sino al "ministro religioso". Son los llamados "lobos vestidos de ovejas" que al igual que los "herejes" causan daños increíbles en la membresía.
Muchas personas van a la iglesia y al salir olvidan lo escuchado en el culto, es porque no hay una genuina Relación personal con Dios, y, que no es asunto de "escuchar" sino de "aplicar a nuestras vidas". En la iglesia recibes doctrina, en clases dominicales, catequesis, sermones o cualquier otra forma, pero lo trascendente es que apliques en tu vida lo aprendido.
También es evidente desviación y falta de una genuina formación espiritual, la presencia de divorcios, fraudes, abortos, y otros comportamientos que son ajenos al modo de vida cristiano. Consecuencia de una ausencia de una genuina formación espiritual.
No son pocos los casos de personas que son criticadas porque aparentan religiosidad, pero su vida es un caos.
Una predicación de 2 horas, quizás recuerdes alguna cosa. Pero un sano consejo, un consuelo, incluso, una exhortación, cuando proviene de tus padres, la recordarás toda la vida. La contraparte: un mal ejemplo de los padres, jamás se olvida, y queda en la memoria toda la vida.
Por eso es tan recurrente y tan válido aquello de "mi padre solía decir ..." que no dudo lo habrás escuchado de algún conocido, o alguna película dado que es parte de los diálogos actorales en muchas películas.
Si ves a tu padre o madre leyendo la Biblia, seguirás su ejemplo, especialmente si ellos te motivan a lo mismo; además de constituir el momento más indicado para que el padre puede anidar valores cristianos fundamentales en sus hijos. No es el mismo resultado cuando de regreso a casa, luego de una predicación de 2 horas, ves riñas y desacuerdos en tu familia: por eso la relación con Dios es un asunto de familia.
Cuando ves alguna cita bíblica en algún cuadro que está en la pared, o cuando tu padre te exhorta con el apoyo del fundamento bíblico, eso vale más que 2 horas sentado en los asientos de tu iglesia, con un tema que quizás ni te interesa, o tal vez es repetición de lo mismo.
La relación con Dios es además un asunto familiar, ¿cómo así?. Es que la familia de Dios somos todos. Por algo somos llamados hijos de Dios, y, en tal concepción, se entiende la preponderancia del valor que Dios debe ocupar en una familia.
Todos formamos parte de la familia de Dios, y nuestro Padre Celestial, es AMOR, entre tantos atributos. Entonces la relación espiritual debe estar teñida de amor.
¿Qué significa ser llamados hijos de Dios? Es todo aquel que ha tomado la decisón de aceptar a Jesús como su único y suficiente Salvador Personal, y por ende, ser su imitador y seguidor.
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