
Digo lo anterior porque a veces la gente se conduce por la vida sin detenerse un segundo a meditar por las cosas que realmente tienen valor e importancia, y sólo cuando el tiempo ha transcurrido y el peso de la edad comienza a acorralarte, es cuando parece que la gente empieza a reaccionar, ya tarde, y cuando posiblemente no es mucho lo que pueda hacer para rescatar lo que perdió por negligencia personal.
Voy a hacer uso de la exégesis para exponer mis ideas, es decir, dividiré mis argumentos en los tres elementos exegéticos que me sugiere esa imagen, para facilitar y orientar con mejor precisión toda la argumentación.
1. Tener un lugar donde ir, se llama hogar.

He visto gente que ha ganado tanto dinero, pero al morir su familia tiene que vivir en vivienda alquilada, por la vida desenfrenada del cabeza de familia, y pregunto: ¿es eso tener orientación definida en la vida?, ¿es eso una actitud responsable?.
Incluso, a raíz de tantos problemas por inundaciones, que ha significado la pérdida de una casa porque el río se llevó todo, ha significado escuchar a víctimas de esa tragedia: ¡cuánto vamos a extrañar esa humilde casa que era nuestro hogar y el río se la llevó!, teniendo que empezar nuevamente, lo cual, sólo puedo describirlo con mayor exactitud, quienes vivieron la experiencia de perderlo todo, y que allí valoran lo que pierden. La moraleja es que se valoran las cosas cuando se pierden, o cuando nunca se tuvieron y vemos en otros el bonito efecto positivo de poder decir "ESTO ES MIO".
Por eso me encantó la ilustración introductoria: tu primera prioridad personal debe ser la planificación de un futuro seguro para tu futura familia. Un hogar cuesta finanzas, afectos y tiempo, por eso es una responsabilidad, pero, ¡que dicha tener donde llegar luego de un fatigado día de trabajo, o dónde pasar los años de tu vejez!.
2. Tener personas a quienes amar, se llama familia.

En programas de terapias familiares se escucha un consejo muy repetitivo a hijos con problemas que piensan que son mal queridos por sus padres, y es el siguiente: "Tus padres te reprenden precisamente porque te aman y te desean lo mejor, y, sólo ellos estarán presentes para darte una mano cuando estés frente a las situaciones más difíciles, porque tus padres nunca te dejarán sólo". Es decir, el amor familiar además de afecto y cariño, es también exhortación, reprensión oportuna, comunicación, apoyo, consuelo, y todas esas expresiones de afecto es lo que caracteriza el bellísimo amor familiar.
De hecho, ese amor familiar se manifiesta incluso en la paradójica circunstancia de que son precisamente tus familiares quienes comprensivamente te soportan tus descarríos por la vida, tus malas costumbres, tus malos humores, es decir, la familia no sólo te brinda amor en lo bueno, también te brinda amor en la comprensión y apoyo en las conductas a veces más desconsideradas o altaneras, pero que por amor familiar se toleran. Me gusta ejemplificar ese tipo de amor, en la tolerancia familiar hacia miembros de la familia con problemas de alcoholismo o drogadicción, que significa el rechazo social, y únicamente los familiares están allí dando lo mejor para ayudar a la superación de esos desagradables problemas.
Pero en la vida todas las cosas tienen una coherencia, una lógica, una consecuencia. Quiero decir que esta exégesis muestra esa coherencia, porque no basta con tener la responsabilidad de proveer el hogar, es también necesario la responsabilidad de proveer el afecto que redunde en amor familiar, que pese a lo lógico o poco importante que pueda parecer, sucede que es mucha la gente que por afanes y vanidades no brinda amor, y luego se queja que nadie lo quiere.
3. Tener un hogar y una familia, se llama bendición.
Ciertamente, el hogar es una bendición de Dios, porque es precisamente la concreción de su amoroso Plan divino para la humanidad.

Tener una responsabilidad con Dios no es cualquier cosa. Y con nuestra familia se genera esa responsabilidad. Dios tiene un Plan maravilloso para tu vida a través de tu familia, pero eres tú el encargado de que ese Plan se concrete.
Aquella familia que se desarrolla bajo las pautas del Plan de Dios, es una familia bendecida.
La bendición familiar se expresa en la unión, en la abnegación, y principalmente en el amor.
El matrimonio es la llave de esa bendición, y los hijos son el galardón para esa amorosa pareja que toma la decisión, ante las Leyes humanas y divinas, de formar una familia.

y no tener ninguna se llama.... ¿importa como se llame?....
ResponderEliminarTodos tenemos alguna familia. Siempre escuché que a quien Dios no le dá hijos, entonces le dá sobrinos. E incluso, aquellos que pasan por la mala experiencia de ser abandonados, tienen como familia sustituta a aquellos que con desinteresado amor dieron lo mejor de sí para levantar a ese niño huérfano. Ningún hijo de Dios está totalmente huérfano en este mundo, porque nunca faltará algún alma carititativa que preste su mano para ayudar a alguien.
ResponderEliminar